Presentación y prólogo de Su vómito, el destino de Carlos Be


El sábado 21 de septiembre de 2019 tuvo lugar en Espacio Guindalera de Madrid la presentación de Esos textos ocultos que recoge la obra teatral inédita Su vómito, el destino de Carlos Be junto con otros dos títulos de Julio Béjar y Aina de Cos, 8,56 y Un estilete en el miocardio respectivamente. A continuación, reproducimos la presentación de Carlos Be y su prólogo, Alonso y los antihéroes de la ternura, leídos en el transcurso del acto:

«Seré breve. Ya estoy terminando. No, de verdad, seré breve. Quería agradecer a la editorial Acto Primero y a Espacio Guindalera este libro que tenemos entre manos; también al público asistente vuestro interés por Esos textos ocultos de Julio Béjar, Aina de Cos y un servidor; y dar paso al libro: el verdadero protagonista de hoy. ¿Por qué? Como escribe Enrique Vila-Matas en Esa bruma insensata, es "imposible ser un buen artista y a la vez ser capaz de explicar de manera inteligente tu trabajo" y añade: "Si suprimieran los autores las explicaciones sobre sus obras quizás no echáramos en falta nada". Como advertiréis, por esto y por el prólogo, cito a muchos autores que no son dramaturgos, que no son de teatro, y es que esta desviación mía, la del teatro, no empezó en los escenarios, no, todo empezó en las estanterías de las bibliotecas, y no sé si terminará en los escenarios, pero sí sé que proseguirá en las estanterías de las bibliotecas, gracias a libros como este, que ya es Estos [sic] textos ocultos.»

Alonso y los antihéroes de la ternura

La última prosa que escribió Raymond Carver fue un texto para la ceremonia de graduación del curso 1987-1988 tras recibir el título honorífico de Doctor en Letras por la Universidad de Hartford. El escrito se titula Meditation on a Line from Saint Teresa, Pensando en una frase de Santa Teresa en la traducción para Bartleby Editores. La frase de la autora abulense a la que se refiere Carver es la siguiente:

«Las palabras que llevan al obrar, preparan el alma, la ponen presta y la mueven a la ternura».

Tras leerla una primera vez ante su audiencia, el homenajeado repite la frase para que no suene «extraño en este tiempo que presta tan poca atención a la relación entre lo que hacemos y lo que decimos» y, a continuación, se refiere al total convencimiento, capaz de enaltecer las palabras a la categoría de la mística.

«Las palabras correctas y verdaderas pueden tener tanto poder como los actos», lee ante los congregados.

Setenta y nueve días después, se lo llevaría un cáncer en estado muy avanzado. Se lo llevó a él, pero no a sus palabras.

Tess Gallagher, la amiga y compañera de Raymond Carver, como él poeta o poetisa, en cualquier caso su Teresa particular, le sobreviviría. Hasta pronto, se dijeron. Ella aún vive y a ella dejó todas sus palabras.

Hace mucho tiempo, un siglo atrás o más, Chéjov nos aconsejaba por carta a muchos de sus lectores futuros, Carver entre ellos, no escribir sobre héroes que llevasen a cabo actos memorables y extraordinarios. Recientemente, en la Residencia de Estudiantes de Madrid, donde tienen a bien reunirse periódicamente los Barraquianos, una «serendipia cultural buceando entre dramaturgias», como se definen ellos mismos, orquestada con maestría y vocación por Antonio Alonso y Jesús Melones —los Tragycom como les conocemos en el panorama teatral madrileño—, tuve la oportunidad de reflexionar en público en torno a los antihéroes que protagonizan mis historias. Fueron ellos, los Barraquianos, quienes me advirtieron perspicazmente sobre la escasez de personajes masculinos en comparación con los femeninos, mucho más pródigos. No mencioné a Chéjov ni a Carver, mentores e instigadores, y tampoco relataré la disquisición que prosiguió, lúcida y entrañable, estimulante y reveladora, en torno a esta cuestión, aunque sí quiero destacar una de las conclusiones: si existiera un único antihéroe masculino que protagonizara mi obra literaria hasta la fecha, ese sería el Alonso de Su vómito, el destino, el antihéroe por excelencia, un hombre sin empresas memorables ni extraordinarias que llevar a cabo, poseedor de una correlación entre palabra y acción extrema, un desenlace —cómo no— trágico y, atención, una ternura sin parangón.

Carver, frente aquel auditorio de Hartford, se despidió de su público con un consejo final: «Recordad también esa palabra tan poco usada en público o en privado: ternura. No hace daño». Lo mágico de las palabras es que, aunque no nos pertenezcan, podemos adoptarlas y actuarlas. Véase el teatro, ese fabuloso enclave erigido entre la verdad y el futuro.

Dicen que el único consejo bueno es aquel que da un moribundo. En cualquier caso, esto es lo último que escribió.

Lo último.

Esto y «Ya no tengo más palabras».

Carlos Be



© Fotografía de Susana Sierra (izq.), Julio Béjar, Esther Santos, Carlos Be, Laura Aparicio y Manuel Benito: Joan Bentallé

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